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La Coctelera

PINCEL@D@S DE ESCRITOR@

"como un lienzo... palabra a palabra"

26 Mayo 2008

SILENCIO

Me encuentro sentada en la cafetería de Bibliotecas, las agujas de mi reloj no marcan siquiera la una de la tarde. Tras el ancho ventanal que tengo a mi derecha, la lluvia cae suave pero incesantemente. El murmullo de una veintena de conversaciones que me resultan indescifrables, me llegan como susurros de un eco lejano. Estoy buscando inspiración para este ensayo que tiene como tema el último capitulo de “El taller de la filosofía” y la inspiración se hace de rogar, brilla por su ausencia.

Leí el capítulo el lunes pasado, durante un viaje en tren de Zaragoza a Pamplona. Y lo que plasmo a continuación fue lo que mas capto mi atención. Ahora que releo el párrafo, mi cabeza da vueltas intentando exprimir todo el jugo a cada palabra.

“Para quien se dedica a la filosofía la música es algo demasiado hermoso para oírla bajito. El sonido del silencio será el más fecundo acompañamiento para su trabajo(…) la tarea de escribir filosofía absorbe tan por completo la atención, que si se pone música, no se la oye, porque no queda atención para escucharla”

Y por fin parece que una minúscula idea va tomando forma entre mis dedos. La inspiración.

No son pocas las personas a las que he oído decir que cierto tipo de música les inspira. Sin embargo me parece que la música hoy en día es utilizada más bien como el tapón del tubo dentífrico que es la imaginación. Con los cascos puestos, y el ipod a todo volumen, es imposible escucharse a uno mismo, oír la tenue voz del pensamiento, dejar fluir a la imaginación. Así no hay quien se inspire.

La música si es buena, absorbe toda nuestra atención. Resulta totalmente irreal, mantener una conversación verdaderamente digna de ser mantenida, lo que viene siendo una conversación fructífera, con una música “machacona” puesta a tope al fondo de la sala. El estruendoso ruido ambiental acaba llenando el vacío de todo lo que no se dice. Este es uno de los miles de motivos que reafirman mi idea de que el hombre de mi vida no aparecerá un sábado noche en Marengo.

Por otro lado, recurrir al aislamiento que proporcionan los cascos de un ipod es el camino más fácil que puede tomar todo aquel que no quiera enfrentarse consigo mismo, con la vida y los problemas que esta le planté.

No es esta una actitud muy filosófica que digamos. Y no quiero que sea mi actitud. Yo quiero escuchar música, sí, pero una música que verdaderamente me conmueva, y logre trasmitirme algo tan fuerte que me llene por dentro. No quiero que la música me impida escuchar todo lo que el silencio de una tarde tecleando frente al ordenador, me tiene que decir.

Por eso me he ido de la cafetería. Por eso ahora estoy sentada en un aula vacía, porque la compañía del silencio es lo único que necesito para escribir este ensayo. La música tendrá que esperar.

Y sigo “pedaleando”… me pregunto porque el silencio nos da tanto miedo, porqué en cuanto alguien está demasiado callado le preguntamos inquietos si le pasa algo. Utilizo el pronombre nos porque por muy filósofa que sea, me incluyo en el saco. Creo que aunque me sé la teoría, aún no he aprendido a valorar suficientemente el silencio.

Parece que siempre tenemos que estar hablando, comunicándonos, diciendo cosas por muy vanas y tontas que resulten, porque sino se nos etiqueta en el bando de “los bichos raros”. El problema está en que muchas veces, esa comunicación, esa palabra, no es tal cosa, sino que al igual que sucede con cierto tipo de música, queda reducida a simple ruido vacío, incoherente y sin sentido.

¿Por qué huimos del silencio? Me parece que porqué implica detenimiento y reflexión, enfrentarse uno solo a uno mismo. Y eso asusta. Los cascos del ipod nos aíslan y en cierta manera nos protegen del caos exterior, pero también de las consecuencias algo arduas que puede traer consigo el apagar la música y mirar hacia dentro. Porque puede que lo que veamos nos decepcione.

No quiero que se me mal interprete. El hombre no puede vivir en silencio. Somos seres sociales, comunicativos por naturaleza, y como ya he dicho mas arriba, la música si es buena absorbe toda la atención, y puede llegar a trasmitir algo tan fuerte que de al individuo, por un momento, una sensación de insustituible plenitud.

Lo que debemos hacer es aprender a discernir entre la música y el ruido, entre la palabra vacía y el silencio más elocuente. Porque solo se oye aquello que resuena en medio de un profundo silencio.

servido por Maria 1 comentario compártelo

1 comentario · Escribe aquí tu comentario

sara

sara dijo

maria!me encanta!el silencio,la inspiración....el proximo del misterio!!

gracias por tu blog!!
ahora leeré aqui tus cosas y no te daré la bara!

un beso

27 Mayo 2008 | 09:50 AM

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Sobre mí

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PINCEL@D@S DE ESCRITOR@

siempre entre Oviedo y Pamplona, España
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Me llamo María, soy de Oviedo, tengo 20 años y estudio Filosofía en la Universidad de Navarra. Me encanta el cine, escribir leer, y hablar con la gente. ¿Porqué este blog?, porque tenía que hacerlo. Y resulta que ahora disfruto con el.

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