¿Escribo porque me gusta o me gusta lo que escribo?
¿ESCRIBO PORQUE ME GUSTA O ME GUSTA LO QUE ESCRIBO?:
Recuerdo el día que descubrí que era capaz de escribir, de jugar con las palabras.
Tenía ocho años.
En el colegio se nos encargó que escribiéramos un verso para cada mes del año.
Volví a casa horrorizada, me parecía imposible. Después de merendar y no sé si antes o después de la fisioterápia que hacia todos los días con Manolo, subí a mi habitación y me senté delante del cuaderno de lengua.
No me salía nada… hasta que de repente…“en septiembre, vuelta al cole, y con enfado a las ocho me levanto para no perder el auto”. Literariamente no tiene ningún valor, ahora lo veo, pero en aquel momento me pareció lo más maravilloso del mundo, ¿cómo era posible que se me hubiese ocurrido eso a mí? Y luego el resto de los meses …
Recuerdo también el asombro de mis padres y de la profesora.
Desde ese día, empecé a escribir pequeños poemas que me ilusionaban muchísimo. Escribía sobretodo poesías a la Virgen. Luego llegaron los cuentos, historias inocentes que ya ni recuerdo. Aunque todavía guardo una carpeta de cartón, muy venida a menos, en las que hay más de una treintena de hojas de cuaderno, escritas con la letra grande, irregular y redonda propia de la infancia.
Al pasar a secundaría todo se convirtió en algo un poco más serio, por llamarlo de alguna manera. Escribía historias más elaboradas y me pasaba tardes enteras delante del ordenador. También continué con la poesía.
Me convertí en la escritora oficial de mi curso. Cuando se nos mandaba escribir algún relato o poema en clase de lengua, yo hacia mi tarea y la de media clase. A mi profesora siempre le alucinó esa capacidad, sobretodo teniendo en cuenta mis escandalosas faltas de ortografía (rasgo que todavía me caracteriza) a pesar de mi afición por la lectura.
Mi padre dejó de darme la propina semanal. En lugar de eso empezó a pagarme por hacer recensiones de los libros que leía. Por supuesto, no entraba dentro del contrato un libro ya leído. Esto no solamente incrementaba mis fondos personales, sino que me obligaba a adoptar una actitud crítica con los libros para luego poder redactar una opinión personal coherente, y a poder ser, mínimamente original.
En segundo de bachillerato, mi encargada de curso, me pidió que escribiera una poesía para leer mientras imponíamos la beca de nuestra promoción a la Virgen del colegio.
Se ha convertido en una tradición familiar, también extensible a mis tíos y abuelos, que cada vez que se celebra algún evento, yo me levante de la mesa, pida silencio, y lea algo escrito para la ocasión. En poesía o en prosa, emotivo o gracioso, para cumpleaños o aniversarios.
En todos los cumpleaños de mi abuelo materno le escribo alguna cosa. Lo espera con ilusión, lo lee con admiración y lo guarda con cariño. Siempre me repite lo mismo, que esa noche el y mi abuela lo releerán cuando estén ya acostados.
Escribo porque me gusta, disfruto buscando cada palabra con cuidado para que al final la frase diga lo que yo quiero que diga.
Cuando me siento a escribir delante del ordenador es por dos motivos: lo que ocurre normalmente es que el día anterior justo antes de dormir me digo; “mañana voy a escribir algo”. Y ya una vez delante de la pantalla se me ocurre ese algo. Una poesía, un cuento… a veces bueno, a veces malo.
Pero muchas veces escribo por encargo. Para una asignatura, para el concurso del colegio (antes de llegar a la universidad), para alguna de mis amigas, o como ya he dicho, para las ocasiones familiares.
Personalmente opino que la escritura se plantea pero no se planea. Te planteas o te plantean un tema para escribir, pero, su posterior desarrollo es fruto de lo que yo llamaría “la espontaneidad meditada”: las palabras e ideas vienen de pronto, y las tecleas rápidamente, porque sino se esfuman, para luego releerlas y borrar lo que haya que borrar antes de pasar al siguiente párrafo.
La escritura tiene, por supuesto, un rasgo fundamental que es el comunicativo. Ha sido durante años, ¡que digo! durante siglos la única manera de que las personas mantuvieran el contacto entre sí. Además, todo lo escrito cobra inmediatamente carácter de eternidad, de permanencia. La cultura se trasmite en los libros. Y es que lo que no se escribe, cae en el olvido, pierde su frescura.
Pero yo no sé si cuando escribo logro comunicar algo. No se si escribo para que me quieran, o por el simple placer de saber que aquello que queda plasmado en el papel es una milésima parte de mi personalidad. No sé si prefiero escribir por que se me antoja, o escribir porque esperan que escriba. Ni siquiera sé si escribo bien. Solo sé que me gusta hacerlo.
Estoy aprendiendo.

germaN dijo
me gusta, si señor!
6 Octubre 2008 | 06:43 AM