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La Coctelera

PINCEL@D@S DE ESCRITOR@

"como un lienzo... palabra a palabra"

26 Mayo 2008

el niño con el pijama de rayas

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS

Autor: John Boyne.
Editorial: Publicaciones y Ediciones Salamandra, S.A. Almogavers 56, 08018, Barcelona. www.salamandra.info
7ª edición, julio de 2007
Numero de páginas: 217

John Boyne, nació en Dublín, Irlanda, en 1971. Se formó en el Trinity Collage y en la Universidad East Anglia, en Norwich. Es autor de otras cuatro novelas: TheTthief of Time, The Congressof Rough Riders, Crippen y Next of Kin.
Esta obra El niño con el pijama de rayas no solo supuso la consecución de un éxito unánime en todos los países donde se ha publicado, sino que además en Irlanda se mantuvo en el número 1 de la lista de libros más vendidos durante 35 semanas. Ha sido finalista de los premios Borders Original Voices y Ottakar Children Book Prize, y nominada al Index on Censorship Axard, al Premio Ungari Unicef y a la Carnegie Medal. Mirmax-Disney prepara ahora un largometraje bajo la dirección de Mark Herman.

La historia aquí narrada, situada entre los años 1943-1945, se desarrolla en Auchviz. Una vez mencionado el nombre del Campo, no resulta difícil imaginar que el tema de este libro sea el holocausto judío.
Pero El niño con el pijama a rayas no relata los horrores vividos (reales o ficticios), por un niño judío durante la Segunda Guerra Mundial. Creo que el original punto de vista que el autor nos presenta, es lo que hace de este pequeño libro, una joya.

El relato tiene como protagonista a Bruno, un niño alemán de nueve años, hijo de un jerifalte de la Alemania nazi. Bruno se traslada con su madre, su padre y su hermana Gretel tres años mayor que el, a Auchviz, a una casa junto a la imponente cerca que separa un mundo de pesadilla como es el campo de concentración, del suyo propio, donde todo sigue igual, con excepción del fastidio que supone para Bruno abandonar Berlín he instalarse allí.
Van pasando los días, y siempre a trabes de la mirada de este niño de nueve años, el lector se introduce poco a poco en la vida del comandante alemán y su familia y en el ambiente de Auchviz.
A Bruno todo cuanto le rodea le parece extraño y observando desde la ventana de su habitación se pregunta insistentemente quienes serán todas esas personas que viven al otro lado de la alambrada, llevan pijama con gorra de rayas, siempre parecen tristes y nunca salen de allí.
Cierto día decide ir a explorar y comienza a caminar por su lado de la valla. Cual será su sorpresa al descubrir, unos kilómetros más adelante, a un niño de nueve años con el pijama de rayas, que le sostiene la mirada a trabes de la cerca. Shmuel, se convertirá a partir de entonces en su amigo incondicional.

El libro no está escrito en primera persona, pero el autor no abandona en ningún momento la perspectiva de Bruno, por lo que las realidades más terribles se nos presentan con la gracia propia de la inocencia infantil.
Esto no solamente le añade humor a la historia sino también crudeza dramática. Detrás de cada palabra se esconde más clara que nunca, la espeluznante verdad de lo que ocurrió.
Trataré de ilustrar con algunos fragmentos del libro lo que estoy diciendo:

“-¿Quiénes son todas esas personas que hay ahí fuera?-pregunto al fin.
Padre ladeo la cabeza un poco desconcertado.
-Soldados, Bruno- respondió.
- No, no me refiero a ellos, sino a las personas que veo desde mi ventana. En las cabañas, a lo lejos. Todos visten igual.
- Ah ésos-dijo Padre asintiendo (…)-Esas personas…bueno, es que no son personas, Bruno.
El niño frunció el entrecejo. (…)
-Al menos no son lo que nosotros entendemos con personas-explicó Padre-Pero no debes preocuparte. No tienen nada que ver contigo. No tienes absolutamente nada en común con ellos. (…)
-Si Padre-asintió Bruno, insatisfecho. (…)
Abrió la puerta y entonces Padre lo llamó. (…)Bruno lo recordó en cuanto el hizo el saludo. Lo imitó a la perfección(…) articuló con voz fuerte y clara-lo más parecida a la de Padre- las palabras con las que siempre se despedían los soldados:
-Heil,Hitler!!- Lo cual, suponía él, significaba algo como “Hasta luego que tengas un buen día”

“(…) aquellas personas con sus pijamas a rayas(…)¿De verdad eran tan diferentes?(…)¿Quién decidía quienes llevaban el pijama a rayas y quienes el uniforme?(…)

“Shmuel sonrió y asintió con la cabeza. Entonces Bruno supo que le había perdonado. (…)hizo algo que nunca había hecho: levantó la base de la alambrada como hacía cuando Bruno le llevaba comida, pero aquella vez metió la mano por el hueco, y la dejó allí, esperando a que Bruno hiciera lo mismo, y entonces los dos niños se estrecharon la mano y se sonrieron.
Era la primera vez que se tocaban”

“Bruno miró hacia abajo e hizo algo muy poco propio de él, le tomó una diminuta mano y se la apretó con fuerza.
-Tú eres mi mejor amigo-dijo-mi mejor amigo para toda la vida.
(…)pese al caos que se produjo, Bruno logró seguir sujetando la mano de Shmuel, no la habría soltado por nada del mundo.”

Parece que las mayores tragedias duplican su horror, cuando afectan a los niños. Por esto creo que el autor decidió narrar la historia de esta manera, con esa mezcla de ternura y crudeza logra, en mi opinión, tocar el tema de siempre como nunca antes se había hecho.
He leído muchos libros que tienen como telón de fondo la barbarie nazi, muchos cuentan historias reales y autobiográficas; Déjame ir madre, El diario de Edith; una niña que sobrevivió al holocausto, El diario de Ana Frank… otros ficticios; Cuando Hitler robó el conejo rosa… pero ninguno me a sorprendido tanto como este, (a pesar de mi inicial resistencia a leerlo por el simple hecho de que todo el mundo hablaba de el) Y creo que el motivo principal es que Bruno resulta ser un niño alemán, de nueve años que no entiende nada y adora a su Padre, comandante de Auchviz, quien a su vez le quiere con locura.
Esta historia, me ha hecho replantearme que a lo mejor no fueron solo los judíos quienes sufrieron injusticia, aunque fueran los principales protagonistas de la misma. Bruno a su manera resulta tan victima como su amigo Shmuel.

Mi conclusión tras la lectura de El niño con el pijama de rayas, es que a pesar de que ya han pasado 63 desde Auchviz, el mundo de hoy no se diferencia, en ciertos aspectos, de la Alemania nazi que tanto nos horroriza. Y lo más irónico, es que no nos damos cuenta.
Abogamos con ahínco por los derechos de los animales, cuidamos con esmero del medio ambiente… y al mismo tiempo según datos recientes recogidos en el Compendio de Salud Publica de Miguel Ángel Martinez, 40 millones de abortos tienen lugar cada año en todo el mundo. De esto resulta que, diariamente, miles de médicos omnipotentes y madres mejor o peor informadas, deciden que 109589 niños no tienen derecho a nacer.
Así como el 18 de marzo de 2008 Angela Merkel, actual presidenta alemana pidió perdón en el parlamento israelí por la barbarie cometida, llegará un día en que la humanidad entera mirando atrás, se llevará las manos a la cabeza y suplicará perdón por el mayor pecado del siglo XXI; el aborto.
Pero no es este el único crimen de nuestra sociedad. La eutanasia, o “muerte dulce” como algunos insisten en denominarla, es ya un hecho. No solamente es uno mismo quien decide sobre la propia muerte, sino que los demás también pueden opinar al respecto, si consideran que la persona en cuestión no esta en condiciones de decidir que es lo mejor para ella.
Sin entrar en cuestiones religiosas, la imagen de Bruno observando tras la ventana de su habitación, me viene a la cabeza mientras me pregunto no solamente: “¿Quién decide quienes llevan el pijama a rayas y quienes el uniforme?” sino, ¿Quiénes somos para decidir quien vive y quien muere?
Por ello este libro me parece tan recomendable. No sólo por la original manera con la que enfoca el tema del holocausto, sino por la cantidad de interrogantes que puede llegar a suscitar una vez concluida su lectura.

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PINCEL@D@S DE ESCRITOR@

siempre entre Oviedo y Pamplona, España
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Me llamo María, soy de Oviedo, tengo 20 años y estudio Filosofía en la Universidad de Navarra. Me encanta el cine, escribir leer, y hablar con la gente. ¿Porqué este blog?, porque tenía que hacerlo. Y resulta que ahora disfruto con el.

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