de vocación cotilla
DE VOCACIÓN: COTILLA
Filosófico, profundo, reflexivo… ante estos tres adjetivos se reacciona con cautela, yo diría que hasta con desprecio. Sin embargo, nunca antes habían estado tan de moda los libros de autoayuda ni las salas de los psicólogos tan abarrotadas. Es este un fenómeno curioso ante el que me gustaría detenerme.
Vivimos en el siglo XXI, el siglo no solamente de la “fast food” sino también de la “fast life”. Se trata de hacer el mayor número de cosas útiles, invirtiendo en ellas la menor cantidad de tiempo posible.
Lo ideal es que con veinticuatro años, un joven hable con fluidez un par de idiomas, tenga al menos un titulo universitario (a ser posible licenciado en Administración y Dirección de Empresas) y por supuesto domine a la perfección Internet (porque allí está todo), u otras herramientas similares de última tecnología. Luego un amigo de un hermano de papá coloca a dicho portento en un insignificante puesto administrativo del cual debe salir cuanto antes. Así al llegar a los veintinueve, treinta años nos encontramos ante el hombre perfecto; director de departamento, gana un buen sueldo, viaja de cuando en cuando al extranjero y por supuesto vive con papá y mamá porque todavía es pronto para comprometerse con su novia de toda la vida. Diez años más tarde, celebra su primer aniversario de boda y, a punto de cumplir los cuarenta, entra en crisis. Es entonces cuando aconsejado por uno de sus muchos amigos, corre a la librería buscando el último ejemplar de “Las diez claves para ser feliz” y llama a su secretaria para que le pida cita con el psicólogo. Una semana después se encuentra sentado frente a éste intentando responder a la pregunta: “¿para qué está usted aquí?”.
La filosofía es un intento de responder a esa pregunta. Es como una gigantesca señal de stop, que invita a pararse a pensar en la carretera en la que se desarrolla la carrera de nuestras vidas. Pero no es cosa fácil, supone hacerse a un lado, parar el motor, bajar del coche, abrir el maletero y revisar con detenimiento el equipaje personal. Supone reflexión, profundización. Y así mientras el resto sigue corriendo parece que tú no haces nada, sólo estas quieto. De cuando en cuando algún curioso baja la ventanilla de su coche y te pregunta:
- ¿Porque estudias filosofía?
Las respuestas pueden ser muy variadas. La mía es esta:
- Porque me llena el depósito.
Ante esto lo más común es que el otro te mire con asombro, se encoja de hombros y cambie de tema o, siguiendo con la metáfora, acelere el motor de su propio coche y se pierda en la lejanía. Puede que unos kilómetros más lejos también se pare…
Decía que la filosofía es un intento de respuesta y es que, en definitiva, se trata de una aspiración porque la respuesta absoluta, la verdad absoluta, no podemos encontrarla en este mundo. Lo que si que podemos hacer es buscar. Y para buscar es necesario que nos paremos, que nos salgamos un poco del trajín de la carretera pero sin perderla de vista.
En el capítulo leído se pone especial énfasis en la necesidad de escribir como una forma de desarrollar y fomentar nuestro pensamiento. Aunque estoy en desacuerdo con el sistema didáctico del profesor Nubiola, y en muchas ocasiones me parece excesiva toda la parafernalia que monta en torno a sus clases y a la temática impartida, en esto le doy la razón. Escribiendo ordenamos nuestras ideas y plasmamos en papel todo aquello que observamos.
Ya decían los antiguos que la actitud propia del filósofo es la admiración, el asombro, y este no llega si no es por la observación. Creo que en filosofía no se trata solamente de tener una buena cabeza, sino más bien de tener una gran sensibilidad, pues es esta última la que nos hace detenernos para profundizar en las pequeñas pero grandes cosas que a otros pasan inadvertidas. Para llegar a lo grande hay que reparar antes en lo pequeño.
Pero al hablar de la observación como actitud típicamente filosófica, no se puede caer en el error de pensar que la filosofía es algo así como ver una película. No hace mucho me di cuenta de esto. Hacer filosofía es ser el protagonista de la película que estás viendo.
Lo que quiero decir es que la filosofía no son sólo palabras escritas, pensamientos más o menos acertados que tratan de dar respuesta a las cosas que nos rodean, al sentido de la vida humana, sino que la filosofía es la vida misma. La vida de cada uno.
Un buen filósofo es un filósofo coherente que vive de acuerdo con esa verdad que busca incansablemente. Si queremos conocer lo que nos rodea debemos también conocernos a nosotros mismos, nuestras capacidades y limitaciones.
¿Qué que es lo que quiero? Quiero saber que son las cosas. Porqué, para qué… de vocación: cotilla
