En presencia de su esposa:
“Eliot Spitzer anunció su dimisión en presencia de su esposa Silda”. Esto es lo que se lee al pie de la imagen que muestra al inminente ex gobernador demócrata de Nueva York, Eliot Spitzer, en pleno discurso. Un discurso que seguramente, supone la mayor de sus derrotas. Y junto a el aparece Silda, su esposa.
No quiero detenerme en los detalles escabrosos, y por otra parte ya conocidos por todos, que han llevado al gobernador Spitzer a pronunciar su discurso de dimisión.
Prefiero centrarme en la figura de Silda, una mujer que no solamente ha soportado las infidelidades y mentiras de su marido, sino que ha visto como este era desenmascarado y criticado públicamente. Y sin embargo en el momento más amargo, ahí está, a su lado.
Alguien más frío y escéptico que yo podría decir: “bueno vale, pero se trata de guardar las apariencias”. Pero si observamos con detenimiento la fotografía, podemos darnos cuenta de que Silda no mira al público, sino a su marido. Y no se trata de una simple mirada. Tanto su rostro serio, como sus ojos ligeramente ojerosos, reflejan la tensión a duras penas contenida, pero sobre todo condescendencia y perdón.
Es algo bien sabido en el resto del mundo, la importancia que en Estados Unidos se concede a la verdad, al reconocimiento de los errores. Fueron sus mentiras las que produjeron la dimisión de Nixon como presidente, y decir la verdad lo que permitió que Clinton conservara el mismo puesto.
Dimitir es lo mejor que Spitzer puede hacer. Ha reconocido su error y asume las consecuencias del mismo.
Ante la evidencia de las pruebas que lo inculcan, la retirada pública y humilde del gobernador tras un discurso sentido y bien preparado, resulta la única salida posible.
Y en medio de todo este berenjenal, aparecen en segundo plano, los ojos de una mujer herida y humillada, que da la cara junto al indecente de su marido, y le respalda en silencio. No creo que se trate de un simple acto de diplomacia sino más bien, de una prueba de amor.
La imagen de Silda me recuerda (en otro orden de cosas por supuesto), a Elvira, la mujer de Mariano Rajoy candidato por el Partido Popular a la presidencia de nuestro país.
La derrota trae siempre consigo una buena dosis de humillación.
Mariano Rajoy no ha sido protagonista de un degradante escándalo como es el caso de Eliot Spitzer, pero ha perdido unas elecciones presidenciales, lo que sin lugar a dudas resulta un duro golpe personal.
Y Elvira, a la que nunca antes se ha visto en los medios de comunicación, una mujer tímida y siempre discreta en segundo plano, ha estado ahí apoyando a su marido en un momento tan crítico, como solo puede hacerlo una esposa, abrazando a Mariano.
Dos hombres derrotados con dos refugios firmes a su lado. Ellas.
“Siempre he creído en los números que llevan a la razón, a la lógica. Pero después de una vida de búsqueda me digo: ¿Qué es la lógica?, ¿Quién decide la razón? He buscado a trabes de lo físico, lo metafísico y vuelta a empezar.
Y he hecho el descubrimiento más importante de mi carrera, el más importante de mi vida: solo en las misteriosas ecuaciones del amor, puede encontrarse alguna lógica.
Estoy aquí esta noche gracias a ti. Tú eres mi única razón de ser. Eres todas mis razones”
La película “Una mente maravillosa” protagonizada por Russell Crowe y
Jennifer Connelly, narra la vida de John Nash prestigioso matemático y físico, quien en 1994, fue galardonado con el Premio Nobel de Economía,
Una vez más no es en la figura de John Nash donde quiero detenerme, sino en la de su esposa Alice. Si ya es difícil estar casada con un genio, más complicado aún debe ser estar casada con un genio que padece esquizofrenia. La película refleja escalofriante y magníficamente la enfermedad de John, no obstante, se sabe que en la vida real, las consecuencias de su esquizofrenia fueron mucho peores.
Alice no le dejó nunca. Fue siempre su tabla de salvación, la mano firme que le mantuvo en contacto con el mundo real, Y en Estocolmo, Suecia, ante miles de personas, John le dedicó las palabras que he citado más arriba. Un discurso emotivo y lleno de fuerza que a mi modo de ver, confirma el conocido dicho: “Detrás de un gran hombre siempre hay una gran mujer”.
No pretendo convertir este ensayo en un panfleto feminista. Solo dejar claro mediante estos ejemplos, que el verdadero amor entre un hombre y una mujer se manifiesta y crece con el dolor, el sacrificio y la renuncia. El amor no es simplemente “ver todo color de rosa”, un millón de mariposas que revolotean en el estomago, vivir en una nube. Amar supone compromiso, darse completamente a la otra persona. Venga lo que venga y a pesar de los pesares, seguir estando ahí. Porque quieres y aceptas a quien amas como es, con sus virtudes y sus defectos, con sus triunfos y sus fracasos.
Mi padre me dijo hace poco tiempo: “pasaré la vida entera dando gracias a Dios por la mujer que me ha dado y no será suficiente”. Y no venían de una cena romántica. Acababan de llegar del hospital.